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La papisa y la contemplación

Vivimos en una crisis de atención. No hacer nada se ha vuelto revolucionario. 

"En estos días, nosotros (y no sólo nosotros) callamos. Para mirarnos dentro, para sembrarse de nuevo, para más fuertes hacernos, para que el corazón y la palabra encontraran nuevos lugares para hacerse. Para esto sonó nuestro silencio."- El Viejo Antonio


El filósofo y neurocientífico Ian McGilchrist desmitifica en su libro The Master and His Emissary: The Divided Brain and the Making of the Western World  muchas cosas sobre lo que creemos saber del hemisferio derecho e izquierdo del cerebro. Llamar a un lado racional y al otro emocional es una simplificación casi grosera.


En realidad, ambos son emocionales y ambos son racionales. Lo que cambia es la atención.

El hemisferio izquierdo funciona mejor para prestar atención hiperfocada, específica, detallada y de corto plazo. Estos atributos son necesarios para nuestra supervivencia: cazar, identificar plantas comestibles, prestar atención por dónde vamos caminando. Es bueno para categorizar, dividir y separar, para el conocimiento abstracto.


El hemisferio derecho, en cambio, es bueno para ver las cosas desde una perspectiva más amplia. En el mundo del hemisferio derecho las cosas no son totalmente fijas ni certeras. Abre posibilidades. Ve las cosas desde su contexto, desde el cuerpo y de forma interconectada.


El izquierdo es explícito. El derecho es implícito.

En palabras tarotistas, el hemisferio derecho es la Papisa.



La Crisis de Atención


Imagínate el día de un pajarito. El pajarito para sobrevivir necesita prestar atención para cuidar su nido, conseguir comida y encontrar con quien procrear. 

Los humanos somos el pajarito en necesidad de supervivencia pero en esteroides. 


Vivimos en una realidad dominada por el hemisferio izquierdo. Estamos viviendo una crisis de atención. Toda nuestra atención se va a lo inmediato y pareciera que no podemos parar a contemplar, a encontrar silencio, o simplemente parar porque si no, no sobrevivimos.

A pesar de todas las condiciones socioeconómicas que nos podrían impedir pausar y conocer a la Papisa, pienso que es necesario, urgente. Y sí, algo que parece sencillo como no hacer nada es en realidad muy difícil y, por lo tanto, revolucionario en nuestra época.


La Papisa es el lado indomable, impenetrable y salvaje de la Tierra. Habita en el centro debajo de la Tierra, es la guardiana de las aguas profundas. Ella es el misterio que gesta la vida.


Sentarse en silencio, en contemplación, es necesario para llegar a esos l

ugares donde habita la Papisa dentro de nosotrxs. No se ustedes, pero yo sí encuentro que a veces mi cuerpo me pide acostarme en el pasto y ver las nubes pasar, sentarme en una banca de un parque y ver a la gente y sus animales jugar. Cuando tengo suerte puedo salir a caminar por el monte o ver el atardecer en el mar. 





El Miedo a la Contemplación


La verdad es que contemplar puede ser aterrador. En el silencio no sabemos lo que podremos encontrar. Se requiere abrir espacio a la vulnerabilidad. Es un acto muy valiente querer conocerse, estar dispuesta a sostener incomodidades, a sentir emociones intensas, a darse cuenta de que tal vez te equivocaste, que no te escuchaste.


Esperar es de lo más incómodo para el ego. Y la Papisa sabe esperar.

La cuestión es que sin la Papisa, sin el silencio, la contemplación y la autorreflexión, no tendríamos la capacidad de acceder a nuestra psique. 


El proceso creativo necesita SILENCIO. Sin el silencio no aprendemos a escucharnos, no damos espacio para que aquello desconocido aparezca. Para que aquella revelación nos encuentre. Para reencontrarnos cuando nos perdimos. 



Un Mundo con Más Papisa


Un mundo con más Papisa sería un mundo que sabe sostener espacios contradictorios, donde nos dejamos atravesar por múltiples cosas a la vez, donde el cuerpo se escucha y se respeta, donde se empieza a disolver el mito y la creencia de que los humanos estamos por encima de la naturaleza.


Por eso la Papisa representa la dualidad. Al representarla, la antecede, la disuelve y nos encuentra entre esos espacios liminales: entre tú y el otro, objeto y sujeto. Al ser dualidad nos presenta la interconexión, la vida como una relación y como proceso.


Yo creo que sí necesitamos un mundo con más Papisa. Necesitamos espacios donde compartir nuestras pesadillas, lo que nos mantiene despiertos en las noches. Necesitamos refugios. Necesitamos abrazar nuestros instintos, no rechazarlos con la justificación de que los humanos estamos por encima de cualquier cosa que nos recuerde a nuestra animalidad.


El Pensamiento Oracular



Los que leemos el Tarot o los astros necesitamos conocer bien a la Papisa. Ella nos enseña sobre el pensamiento oracular: no buscar certezas cuando sacamos una carta, sino un diálogo. Nos encuentra en el espacio de confianza necesaria en cada lectura. Un hogar abierto, receptivo y de escucha cuando nos encontramos dividxs internamente.

En cada lectura me imagino a la Papisa decirme al oído: escucha.

La mayoría de las veces eso es lo que venimos a hacer en una lectura: escucharnos. Y lo que pasa después de eso es algo que no se puede explicar, solo se puede sentir, solo se puede experimentar.




La próxima vez que salga la Papisa, no busques comprender. Espera y escucha. Habita el silencio y ahí te encontrarás. 




 
 
 

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