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La Emperatriz

hace 5 días
4 min de lectura

Cuerpo, erotismo y liberación 



El Tarot es una relación como todas. Una relación conmigo misma, pero también con el sistema de cartas.


Y yo tengo la idea de que sí, el Tarot es confirmación. Muchas veces nos dice las cosas que ya sabemos o intuimos y solo necesitábamos esa reafirmación. Pero también pienso que siempre se puede profundizar. Siempre se puede observar algo que no se había visto, siempre se puede mirar algo de otra manera. Algo que estás viviendo puede tener familiaridad con el pasado y, aún así, ser diferente.


Las cartas son un proceso vivo. Cada vez que las usas estás cargando un símbolo de significado. El significado que le das a tus vivencias va cambiando, se va transformando, al igual que tú. Y en ese proceso también cambia tu relación con las cartas.

Así como la Papisa es la parte abstracta de la energía dual de lo femenino, La Emperatriz es la encarnación de esa energía.


La Emperatriz es el cuerpo. Todos los cuerpos. Toda la manifestación de la materia con sus correspondientes formas y relaciones. Es la experiencia encarnada, la sabiduría de las sensaciones, el poder creador y caótico de la vida. Si algo no podemos negar de la vida es que es creativa. En la creatividad va descubriendo su propia naturaleza.


La Emperatriz es la vida y la muerte, la creación y la destrucción. Es saber encontrar el amor y la belleza en cada uno de esos procesos y reconocer sus múltiples y diversas formas.

El amor y la belleza no son conceptos humanos. Son condiciones naturales.

Observa cómo vive el amor y la belleza la cascada, la piedra, la nube. La belleza de una mariposa, de una ballena, de un escarabajo. La belleza en las cucarachas, los gusanos, las tormentas. La belleza incluso en la muerte.


La Emperatriz no es una belleza estética. Es una belleza que emana de la verdad.

La Emperatriz tiene una belleza generadora de vida y también destructora. Pero hay una diferencia entre destruir porque existe un ciclo natural de vida/muerte y destruir porque existe un sistema hegemónico y opresivo que funciona para unos cuantos a costa de la vida de muchos otros.


Porque si La Emperatriz es el cuerpo, también tenemos que preguntarnos qué sucede con los sistemas que intentan apropiarse de los cuerpos.El sistema extractivista, colonialista y capitalista oprime a La Emperatriz y rebaja el cuerpo a un producto sujeto a su productividad. El cuerpo de las mujeres ha sido sometido y disciplinado alrededor de su capacidad reproductiva. El cuerpo de los hombres ha sido reducido a su capacidad productiva. Todos los cuerpos son racializados. Otros cuerpos son invisibilizados, rechazados o relegados a una extensión más de las máquinas del capital.

En el sistema capitalista, tu cuerpo nunca te pertenece.



Si el sistema capitalista colonialista despoja de los territorios a toda forma de vida que no sirva a los intereses del capital, entonces La Emperatriz ruge. Manda lluvia y truenos y hace la tierra temblar para recordarnos que ella también es energía de emancipación.

Nos recuerda que la lucha por la soberanía del cuerpo es colectiva y que mientras más conectados estemos al cuerpo, más libres podemos ser.


La Emperatriz nos manda al resto de nosotrxs, emperatrices, para recordar que nuestros cuerpos son para amar. Amar con el cuerpo entero.


La Emperatriz es la que me otorga el permiso de convertirme en destructora/creadora: destruir sistemas opresivos para proteger, construir y defender aquellos donde el cuerpo es libre, donde el trabajo es un servicio por y para la vida, donde mi cuerpo humano forma parte del sistema de regeneración de la vida.


Así, La Emperatriz cobra vida en:

La resistencia de las comunidades de Topolobampo.

La protección colectiva y la red cuidadora de los territorios de Mahahual.

Las mujeres Chipko.

Las tierras degradadas que vuelven a ser regeneradas.

Los bosques que vuelven a crecer.

Los guardianes de semillas.

Cuando te paras dos segundos para observar la trayectoria de los pequeños seres que se cruzan en tu camino.

Cuando las raíces crecen por debajo del concreto y se abren camino sin permiso para recordarnos que en esas raíces hay historias. Y esas historias se contarán por muchos años más, muchos años después de que tú y yo estemos aquí en este cuerpo.


La Emperatriz quiere que eroticemos la vida. O, más bien, que nos demos cuenta de que la vida es erótica y que es nuestro derecho natural sentir placer sin culpa.

Cuando el materialismo reduccionista te inhiba de tu capacidad de asombro, pídele a La Emperatriz que te muestre lo que es verdadero. Pídele reencantarte con el mundo. Pídele que te enlace con la vida más allá de la humana para recordar tu humanidad.


Para la belleza y el amor debe haber receptividad.


Eso también es La Emperatriz: la relación entre unx y otrx. La posibilidad de ser afectadx por aquello que no eres tú. El puente que nos une a través de la fuerza de descubrirse en el otrx.


Quizá por eso vuelvo al Tarot como una relación. Porque un símbolo está vivo mientras pueda seguir afectándonos, mientras podamos seguir encontrándonos y transformándonos en él.



 
 
 

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